La Loca de Londres Miedo a volar

La mayoría de las veces cuando le digo a la gente que tengo miedo a volar me dicen “pero si ya viajaste”. Sí, también todos ya fuimos al dentista y nos sigue dando miedo, y también la mayoría de nosotros nos operamos alguna vez de algo, ¿y quién no tiene miedo cuando entra a un quirófano?. Volar no necesariamente te saca el miedo a volar. Hacerlo una vez y que no pase nada no te asegura que en la próxima no pase nada tampoco. O en la próxima. O en la que viene después. Por eso los que tenemos miedo puede ser que volemos, pero siempre con miedo. Siempre con ansiedad, siempre sufriéndolo semanas antes, casi todas las veces con ayuda de algún calmante, y alguna que otra con llanto y todo. 
Yo vuelo porque no tengo otra, porque la opción es no volar, no viajar, no conocer nada más que lo que tengo a un micro de distancia y no hacer lo que más me gusta hacer. Y eso me da aún más miedo que volar, así que saco pecho y lo hago. Con el Clonazepam, con el llanto, con lo que haga falta. Pero nunca sin miedo.

A pesar de que afortunadamente el miedo siempre me acompañó pero nunca me impidió subirme a un avión, la ansiedad, la medicación y el sufrimiento no deberían ser la forma normal de volar. Y la mejor herramienta contra ese miedo que tenemos es la información. Cuanto más sepamos y entendamos acerca del proceso de vuelo, menos miedo nos va a dar. Por eso hice el curso Animate a Volar que da Aerolíneas Argentinas, y que en realidad debería llamarse Pare de Sufrir
Como dije, muchos suponen que los que tienen miedo a volar son las personas que nunca volaron, pero no, el curso estaba lleno de personas que volaron toda su vida, algunas MUY frecuentemente, y muchas de ellas de un día para otro desarrollaron un miedo que nunca habían tenido antes. Según los expertos en el tema, quienes sufren de aerofobia suelen ser personas con un coeficiente intelectual y nivel cultural alto, mucha imaginación y que necesitan tener el control de todo. Y sobre todo por eso último (y por lo de la gran imaginación) no me basta saber que “el avión es el medio de transporte más seguro del mundo” (que es verdad), ni me basta que me digan que “la turbulencia es como un bache en la ruta pero en en aire” (que también es verdad). Necesitaba que me lo dijeran personas que se dedican a eso, personas que sepan y me puedan explicar por qué esas dos afirmaciones son ciertas, necesitaba que un piloto y un técnico aeronáutico con 30 años de experiencia me miren a los ojos y me aseguren que la turbulencia de verdad no es peligrosa. Y eso fue lo que después de más de 20 años de tenerle miedo a volar finalmente pude escuchar cuando hice el curso.


Estas son las cosas que aprendí y que más me sirvieron para aclarar mis dudas y calmar un poco mis miedos:

Mi miedo número uno, las turbulencias:
Eso que todo el mundo repite hasta el hartazgo, de que son como un bache en el aire, es verdad. Hay tres tipos de turbulencias, las leves, las moderadas y las severas. Los pilotos casi siempre saben cuándo y dónde va a haber turbulencias, y dentro de lo posible van a intentar evitarlas. ¿Por qué? ¿Porque son peligrosas? No, porque son molestas. Porque generan incomodidad en los pasajeros (y también en ellos, porque nadie quiere que se le vaya volando el vaso de agua que está tomando). La única razón por la que las turbulencias pueden ser peligrosas es porque un objeto que salió volando te pegó en la cabeza, o porque estabas sin el cinturón de seguridad puesto y un sacudón te hizo golpear con algo. El peligro NUNCA es para el avión en sí. La turbulencia no puede hacerle NADA al avión. De hecho el avión puede soportar cómodamente una turbulencia severa, pero ningún piloto comercial se metería en una zona donde vaya a haberla. Ellos (y los controladores) saben perfectamente dónde habrá turbulencias severas, y SIEMPRE las evitan.
Otra cosa que nos explicaron de las turbulencias es que aunque vos sientas que sí, el avión nunca está perdiendo altura. Es simplemente una especie de “meneo” sobre el mismo punto, pero jamás es una caída.
Las turbulencias, como nos dijeron siempre, pero ahora finalmente lo escuchamos directo de la boca de los expertos, son parte normal del viaje. No son una anomalía y no tienen nada que ver con la seguridad del vuelo. Ninguno de los grandes accidentes aeronáuticos que todos conocemos tuvo algo que ver con una turbulencia. De hecho nos aseguraron que jamás en la historia una turbulencia ha causado que un avión se cayera. Y si eso no nos calma ya es porque tenemos una imaginación más grande que la de Tolkien y J.K. Rowling juntos.
Hay zonas y trayectos que ya son conocidos por sus turbulencias, como Ushuaia, las cordilleras, y el trayecto Barcelona-Madrid. Informate antes de viajar o preguntale a la tripulación si se esperan turbulencias para ya saber que esperar y no preocuparte de más.

Mi miedo número dos, el despegue escalonado:
Bueno, parece que hay gente que esto ni lo nota, pero para mí es el peor momento de un viaje y hasta ahora nunca supe que era NORMAL.
Cuando el avión despega, una vez que ya está en el aire se empieza a sentir como que pierde potencia y después de haber subido empieza a bajar. Baja, baja, baja, y vuelve a subir. Y así un par de veces hasta que se alcanza la altura crucero. Para mí siempre fue una tortura pasar por esto, pero resulta que mi miedo, como generalmente pasa, se debía solo a falta de información. La perdida de potencia es real, y la sentimos porque una vez en el aire, el avión ya no necesita la cantidad de fuerza para propulsarse que estaba necesitando para despegar. Una vez el despegue está hecho el piloto baja la potencia de los motores. Y el descenso que sentimos es porque el despegue se hace en forma escalonada. Esto obviamente se hace adrede y el piloto está en total control. (Parece una obviedad esa aclaración pero para nosotros que tenemos tanta imaginación no lo es).

La despresurización:
En la películas siempre vemos que cuando caen las mascarillas es porque se está por pudrir todo. Bueno, resulta que si caen las mascarillas es porque se despresurizó el avión, y si eso pasa es porque lo que está fallando es el sistema de aire acondicionado. Y este sistema no tiene relación directa con la seguridad del avión. No es que si falla el aire acondicionado el avión está en peligro de caer, y no es que si ves caer las mascarillas tenés que empezar a despedirte de todos y a amigarte con Dios. Las mascarillas no anuncian ningún peligro. Hay que ponérselas y listo. Seguimos volando.

El entrenamiento de los pilotos:
Esta es una de las cosas que más me sorprendió y que más confianza me dio. El entrenamiento que reciben los pilotos para empezar a volar en una aerolínea es tremendamente exhaustivo. El piloto que estuvo en nuestra charla obviamente ya era piloto (no es que yo me presento así sin saber nada y una aerolínea me enseña a volar), fue seleccionado entre cientos de postulantes, y recibió un entrenamiento de un año y medio antes de comenzar a volar con Aerolíneas Argentinas. Una vez que ya son pilotos en ejercicio, cada seis meses se tienen que hacer un control psicofísico, y también cada seis meses tienen que rendir un examen de aptitud en el simulador, donde siempre se enfrentan a LAS PEORES adversidades que se puedan imaginar. Una persona le preguntó al piloto que habló en el curso si alguna vez se le había quedado un motor en vuelo. “Sí, claro”, dijo él, “en el simulador”. Todas las situaciones peligrosas o hasta catastróficas que se nos puedan ocurrir, los pilotos ya las vivieron, ya saben cómo manejarlas, ya saben cómo reaccionar, porque las viven cada seis meses en el simulador. “¿En la vida real? En treinta años nunca viví ninguna de esas situaciones”.

El mantenimiento de las naves:
Bueno, acá no me puedo poner muy detallista porque no entiendo nada de fierros, pero yo tenía la fantasía de que los mecánicos de Aerolíneas eran tipos con la raya del culo al aire y un escarbadientes diciendo “seee, andá tranquilo que ya le cambié el aceite” (no quiero ofender a nadie si me están leyendo los de AR) y lo que vi no solo terminó con mi prejuicio, sino que me inspiró mucha tranquilidad. El mantenimiento de las naves (yo aprendí acerca del de Aerolíneas Argentinas, pero las regulaciones y requisitos se repiten para todas las aerolíneas) es muy cuidadoso, muy profundo, todo se revisa más de una vez y todo se cambia antes de que haya que cambiarlo. Todo en un avión está duplicado, o triplicado, o cuadriplicado, así que pase lo que pase siempre hay un plan B. De los motores para abajo, todo tiene un back up. Ciertas revisiones las hacen con el mismo equipo con el que se realizan las video colonoscopías, y las naves cada tanto se desarman por completo y se vuelven a armar prácticamente de cero para asegurarse de que todo está en el estado en el que debería. Y cuando un avión “se jubila” después de haber volado más de 20 años, normalmente es porque ya es demasiado costoso mantenerlo activo en términos de combustible. No porque sea peligroso. Es como un coche antiguo, con la robustez con la que son construidos más el riguroso mantenimiento que reciben, tranquilamente podrían seguir volando muchos años más y seguir siendo igual de seguros. Un avión viejo no tiene por qué ser un avión peligroso.

La profesionalidad de todos:
La profesionalidad que vi no solo en las personas que impartieron el curso y en las que forman parte de todo el proceso que hay detrás de un vuelo, sino en las prácticas, en las regulaciones y en los protocolos que rigen la industria aeronáutica fue lo que más confianza me inspiró. NADA está librado al azar, NADA no está controlado, y aunque te olvides de cumplir con algo, algo o alguien más lo va a detectar y se va a asegurar de que todo esté bajo control.
Y si bien en el curso siempre hablamos particularmente de Aerolíneas Argentinas, las regulaciones y los estándares de seguridad rigen para todas las aerolíneas, en todo el mundo. Veo mucha gente que le tiene aprehensión a las low cost, y las low cost pueden ahorrar en muchas cosas como comida, atención, confort, pero NINGUNA puede ahorrar en seguridad (de hecho las protagonistas de los mayores accidentes aéreos que conocemos son compañías grandes y de renombre, no low cost). Las regulaciones y los controles los tienen que cumplir todas las aerolíneas por igual, y la industria aeronáutica es una de las industrias (si no LA industria) con más controles en el mundo. Una aerolínea si quiere puede tener AÚN MÁS requisitos a cumplir que los que le exigen, pero NUNCA menos. Y la última persona que querría volar si no se siente segura es el piloto. Cuando un avión sale demorado por un desperfecto, es porque hubo alguien que hizo su trabajo revisando y que decidió no volar hasta que fuera completamente seguro hacerlo. Ningún profesional decidiría salir igual solo para cumplir con un horario poniendo en riesgo su propia vida. Cuando un avión sale es porque atrás hubo un trabajo exhaustivo de cientos de personas controlando, revisando, capacitándose y asegurándose de que en ese vuelo todo vaya a salir bien.

Todo eso es la teoría, y si bien todavía no volví a volar, estoy convencida de que contar con toda esa información hizo que mi miedo se redujera muchísimo. Ahora bien, en papel todo muy lindo pero en la cancha se ven los pingos. Y al momento de volar yo tengo varias costumbres para hacer que el miedo me afecte lo menos posible. Acá van:

Elegir la compañía que más cómoda y segura me haga sentir: ¿Ya dijimos que todas las aerolíneas tienen que cumplir con las regulaciones de seguridad por igual, no? No es que con una me voy a caer y con otra no, pero sí hay compañías que yo de forma no objetiva percibo como más “seguras”, aunque eso sea un prejuicio y aunque no sea racional. Pero lo importante para mí es viajar lo más tranquila posible, no resolver TODOS mis conflictos y pensamientos irracionales; así que si la aerolínea A me genera más tranquilidad que la aerolínea B y la diferencia de tarifa no es mucha, elijo la que más “seguridad” me transmite, aunque no sea racional.
Y hay otras cosas que para mí pesan a la hora de decidirme por una aerolínea y no por otra; porque me dan mejor atención, porque los aviones son más cómodos, porque me dan comida, porque si tengo un problema van a mostrar mayor interés por resolverlo que otra, porque sé que va a cumplir con los horarios o porque tienen muchos años en el mercado.
Y eso para mí es parte de volar tranquila. Si encima del miedo que ya traigo de casa me atienden mal, viajo incómoda y a los tripulantes de cabina les importa un pito si me acerco a decirles que estoy asustada (abajo hablamos más de esto), voy a terminar todavía más estresada y me va a ser imposible relajarme durante el vuelo. Si la vamos a estar pasando mal por algo, que sea por volar en sí, no le agreguemos más cosas.

• Elegir el asiento y la ubicación que más cómoda me haga sentir: similar a lo anterior. Si encima de tenerle miedo a volar sos medio caustrofóbica (hola), ir sentada en el medio de esos asientos de cuatro es una tortura. Cuanto más cómoda esté físicamente más fácil me va a resultar descansar, dormir y relajarme. Si estoy que no pego un ojo porque no tengo lugar para dormir, me aguanto el pis para no despertar al de al lado, Y ENCIMA hay turbulencia, ¿cómo voy a lograr estar tranquila? Como dije antes, la idea es despejar todo lo que pueda sumar malestar.
Yo siempre trato de pagar un extra para sentarme en los asientos de adelante de todo, que tienen más espacio, entrás y salís del avión más rápido y tenés el baño más cerca. En general en los vuelos largos el extra que te cobran es de 50 euros, y en los cortos 20. Y dos veces encontré muy buenas ofertas y casi por el mismo precio directamente viajé en Premium Economy. Mejor comida, mucho más espacio, un nécessaire de regalo, atención más personalizada, ¡más silencio! A mí al menos tener mayor comodidad hace que tenga menos cosas de qué preocuparme y me relaje más fácilmente.
Ya sé que pagar un extra es agregar un gasto más, pero en un vuelo de 12 horas que de todos modos estoy pagando una fortuna, para mí lo vale. Los asientos junto a la salida de emergencia también tienen más espacio para las piernas y pueden reservarse con anticipación pagando un extra.
En algunas companías low cost últimamente están cobrando extra para asegurarte asientos contiguos con tu compañero de viaje. Atención con esto también; si estás más tranquila viajando acompañada, asegurate de que no te den asientos separados.
Si viajás mejor estando en el pasillo, o si te relaja más el lado de la ventana, tenelo en cuenta y asegurate un asiento donde sepas que vas a estar lo menos intranquila posible.

• No estar a las corridas: esto OBVIAMENTE le suma estrés a la experiencia de volar. Si llegás al aeropuerto apurada, agotada y con miedo de perder el vuelo, ya estás mal predispuesta a relajarte. Y el medio de transporte que elijamos para ir al aeropuerto también es parte de esto. A veces para ahorrar unos pesos nos tomamos un colectivo de línea que tarda el doble de lo que debería, nos pasamos 20 minutos tratando de encontrar la parada, terminamos arrastrando las valijas por toda la ciudad, y cuando finalmente nos sentamos en el avión ya somos un manojo de nervios. De nervios extra que no necesitamos. Lo mismo cuando sacamos un vuelo barato que sale a las 6 de la mañana, después ese pequeño ahorro se termina traduciendo en que llegar al aeropuerto a esa hora va a ser el verdadero problema y que seguramente vayamos a estar casi sin dormir. Yo siempre trato de elegir vuelos al mediodía, para poder dormir bien, tener tiempo para terminar los preparativos y llegar al aeropuerto con mucha anticipación.

 Ir lo más cómoda posible: más de lo mismo, COMODIDAD. Me encanta cuando veo a esas chicas viajando super glamorosas, pero yo no puedo darme el lujo de estar preocupándome porque tengo frío, porque me aprieta el jean o porque me hacen doler los zapatos. Lo que sea que me facilite dormir, moverme y relajarme es la mejor opción. Y lo mismo para lo que llevás encima; cuanto más cargada vas, más peso, más contractura, más difícil va a ser encontrarle lugar en el avión, y más chances de que si la cabina va muy llena te lo hagan dejar en un compartimento lejos de tu asiento, o peor, te hagan entregarlo para llevarlo a la bodega (mi mayor pesadilla, y me pasó). ¡Y no necesitamos esas preocupaciones extra! Mejor llevar el menor bulto posible.

• Tener distracciones a mano: yo soy partidaria de SIEMPRE tener comida disponible al viajar en avión, es lo que más me distrae. Si el servicio no lo cubre, llevate algo encima. Mucha gente no sabe esto, pero podés llevarte tu propia comida. Mientras no haya líquidos no hay problema. No es que en los vuelos de 12 horas donde el pasaje no incluye comida te obligan a comprarla o a cagarte de hambre.
También me distrae ponerme cremas, manteca de cacao y tirarme spray de agua termal para estar hidratada en vuelo, me ocupo de eso para no pensar en cosas horribles. Y de paso, otra vez lo mismo, estoy más cómoda. Lo que sea que te ayude a vos; un libro, ponerte una peli tonta en la pantalla, comprar wifi a bordo (muchas aerolíneas ya lo ofrecen gratis). Si te sirve para distraerte, tenelo a mano.

• Hablar con los tripulantes de cabina para que te den una palabra de aliento: siempre recomiendan que quienes tenemos miedo a volar hagamos esto, y yo lo hice varias veces. Busco al tripulante con más cara de amable y me acerco a decirle que estoy muy nerviosa, que me da miedo volar, y que si llega a haber turbulencia y puede pasar por mi asiento a ver cómo estoy se lo agradezco. Una sola vez me tocó una azafata que no me dio mucha bola, pero la mayoría de las veces son muy receptivos, te dicen que no te preocupes, que va a ser un vuelo tranquilo, y que cualquier cosa están ahí para vos. Y eso ya me ayuda un montón a calmarme. La tripulación no solo está para servirte la comida y controlar que te pongas el cinturón, ayudarte a que vueles tranquila también forma parte de sus tareas.

•Informarse: otra vez, esto es clave, cuanto más entendamos de la experiencia, más en detalle sepamos lo que está pasando y lo que es normal, menos miedo vamos a tener. Y la única fuente de información no son los cursos para perder el miedo; leer en internet, seguir a expertos en aviación que tienen blogs en los que hablan del tema, escuchar algún podcast. Está lleno de gente que sabe mucho de esto y que genera contenido al respecto. Si tenés una duda sobre algo relacionado al vuelo o a los aviones, buscá en internet alguna nota escrita por un experto (no un foro de chiflados que te agreguen aún más miedo) que lo explique y que aclare tus dudas.

•Entrar a Flightaware o Flight Radar: ver la cantidad de aviones que hay en el aire en un mismo momento, todo el día, todos los días me recuerda cuán normal es volar, cuánta gente lo hace, cuántos millones de aviones llegan a destino sin problemas, y cuán seguro es. En estas páginas podés seguir a un vuelo particular a lo largo de todo su recorrido, o verlos a todos juntos. Y es realmente impresionante ver la telaraña constante de aviones que son los cielos de todo el mundo y saber que todos esos vuelos están llegando bien.

• Visualizar el objetivo: como dije al principio, a veces da más miedo no poder hacer lo que querés hacer que volar. Pensá qué bajón sería si le hicieras caso a tus instintos fóbicos y te bajaras del avión. ¿Y las vacaciones? ¿Y tu viaje? ¿Y la persona a la que querías ver? ¿Y los lugares que querías visitar? ¿¿Y las cosas que querías comprar?? Nunca perder de vista que el avión lo estamos tomando por algo, y que una vez que aterricemos vamos a alegrarnos de haberlo hecho.

Links y datos útiles:

• El curso “Animate a volar” de Aerolíneas Argentinas es gratuito y además de toda la información que nos dieron, nos hicieron subir a un avión fuera de servicio y a un simulador de vuelo. Se hace en Ezeiza los días martes de 8:30 a 14 hs, y para participar hay que mandar un mail a animateavolar@aerolineas.com.ar. Ahora mismo hay un espera de hasta 9 meses por la alta demanda.

• En España hay un ex piloto muy conocido llamado Javier del Campo que escribió el libro Feliz Vuelo junto a una psicóloga. Su forma de explicar es muy amena y hay varios videos suyos como este en Youtube.


• British Airways tiene un programa similar al de Aerolíneas llamado “Flying with Confidence” y suele compartir contenido en Youtube. Eso sí, los videos están en ingles. Acá el link.

• En Flightradar podés entrar a ver cuántos aviones hay en el aire ahora mismo y seguir al que quieras.
Flightaware es un poco más user friendly y ahí también podés buscar un vuelo en particular y seguirlo durante todo el trayecto.

• Y para disipar el miedo, ¿qué mejor que tomarse las cosas con humor? Cuando estoy esperando en un aeropuerto suelo ponerme a ver Come Fly With Me, una serie británica que AMO y en donde todos los personajes trabajan en las distintas áreas de un aeropuerto. Y de repente la industria de la aviación deja de darme miedo y me hace reír un buen rato.

Bueno, ahora quiero que me comenten abajo sus experiencias. ¿Le tienen miedo a volar? ¿Qué cosas hacen para controlar ese miedo y que no les impida subirse a un avión? ¿Alguien todavía no se animó a volar? ¿El texto despejó alguna de sus dudas? ¿Tienen algún tip, o un link para agregar? Anímense que siempre hay alguien a quien va a servirle leerlo.


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