1. Las mejores fotos son las que NO sacás

Me llevó mucho tiempo aceptar esto con serenidad, pero una vez que hacés las pases con el hecho de que tus mayores obras maestras solo van a estar en tu cabeza, y que esto le pasa a TODOS los fotógrafos urbanos, los insultos entre dientes duran menos tiempo. O porque la persona se movió, o porque pasó un auto, o porque la cámara había quedado con los ajustes de ayer a la noche (mal, muy mal, ver principio número 2), o porque todavía estaba en la mochila, o porque había quedado en tu casa. Si tuviera todas las fotos que vi y que no saqué, sería Cartier-Bresson (¿Quién sería Cartier-Bresson si pudiéramos ver todas las fotos que no sacó?)​​

Esta podría ser una foto al estilo Martin Parr, con la mujer y su sombrero de cosaco parada simétricamente frente a la vidriera de pescados, y terminó siendo este engendro. No solo la cámara estaba apagada y tenía el lente cubierto ¡sino que seguía con los ajustes de la noche anterior! Desenfundé lo más rápido que pude y disparé así como estaba. Este fue el triste resultado. Mi auto odio duró unas buenas dos horas.

2. La cámara SIEMPRE lista

Esto no es fotografía de paisajes, no hay tiempo que perder. La cámara en la mochila NO SIRVE; en tiempo de fotografía urbana, lo que lleva sacarla, destapar el lente y acomodarla, serían como unos 5,000 años luz. Esto es como salir a cazar, hay que estar siempre listo, la cámara colgada, destapada (las veces que intenté sacar una foto con el lente puesto y después tuve que poner sonrisa de “sabía perfectamente lo que hacía” frente a los transeúntes alrededor), y con los ajustes ya puestos para la luz que te jugás que vas a tener. Está probado que seguir estos pasos reduce significativamente los insultos y la auto flagelación mental por la foto que NO sacaste.

​La única razón por la que tengo esta foto, es porque estaba lista. Iba caminando sin buscar una foto cuando vi a este señor pasando, levanté la cámara y disparé. Es la única toma y salió perfecta, porque los ajustes ya estaban hechos para esa luz, la luz que yo ya sabía que iba a captar mi atención.

3. Se trabaja mejor sola

Lamentablemente, si estás con alguien cuya prioridad no es sacar fotos, o se van a cansar de estar esperándote en una esquina durante 15 minutos hasta que lográs que no pase nadie, o que pase alguien, o vos ya vas a estar perseguida y vas a desistir de sacar cualquier foto que lleve tiempo, o te vas a “perder” a cada rato en medio de las multitudes porque el otro siguió de largo y vos todavía estás escondida atrás de una columna sacándole fotos a un viejito que está usando una corona.
O lo peor de todo, ¡cuando tu acompañante es quien arruina tu foto! Un día me encontré frente a una escena ideal para mí, el sujeto y yo, bajo el sol de la Toscana y nadie alrededor. Mi papá estaba conmigo, y entre dientes le dije “Alejate, alejate”, para llamar menos la atención del señor sujeto y lograr hacerme con la foto. Mi papá se alejó, ¡pero caminando interminablemente hacia el horizonte de mi encuadre! Así que mi foto perfecta se convirtió en una foto tirando a mediocre, con la cabeza de mi padre destruyendo la armonía. Estuve toda la tarde sin hablar, y sufriendo por la escena que no un auto, ni un turista haciéndome photobomb (sí, esto me pasó muchas veces), sino la sangre de mi sangre arruinó. Recurrí al último recurso, borré a mi padre con Photoshop (acá no pasó nada), y hoy esa es una de mis fotos favoritas. Ese día Photoshop salvó una familia. Y desde entonces, tengo un código con todos los que salen a fotografiar conmigo: cuando digo que se hagan humo, es para ATRÁS, no para adelante de la cámara.

En la foto, mi mamá intentando “ayudarme” de forma no solicitada, haciéndole creer al señor que la foto se la estaba sacando a ella. Insalvable.​

4 . A veces la foto sucede sola

Tengo que ser sincera, muchas veces no puedo creer que yo haya sacado esa foto, y es porque básicamente, la foto me salió casi de casualidad. Y digo casi porque no era casualidad que yo estuviera ahí, lista, disparando. Esas fotos no fueron suerte, fueron la consecuencia de días y días enteros en la calle, mirando todo, alerta, sacando MILES de fotos que iban a terminar en la basura. Y a veces, de TANTO estar, algo sucede casi solo. Tener suerte lleva mucho trabajo. Cuantas más fotos de mierda sacás, más fotos buenas sacás.

Acá estaba intentando sacarle una foto al tranvía del fondo cuando se me metió esta bicicleta y salvó el día.

5. Las fotos le suceden a aquellos que esperan

Algunas veces no se trata de poder con la rapidez, sino de poder con la lentitud. No siempre es la escena la que se aparece, sino que somos nosotros los que la esperamos. Si te gustó una esquina, o una sombra, o una luz pero te parece que le falta algo, no te conformes con lo que hay, sentate a esperar que eso aparezca. Puede ser una bici, un viejo, un perro usando moñito, cuando lo veas lo vas a saber. He llegado a estar media hora esperando a la persona perfecta en una esquina, muchas veces no apareció (o en realidad, me rendí rápido), pero la mayoría de las veces aparece, y la foto es infinitamente mejor que si la hubieras sacado así como estaba cuando llegaste.

Esta foto me llevó unos 20 minutos; vi las sombras de las columnas y supe que tenía que quedarme ahí. Pasaron al menos 15 personas antes de que llegara esta mujer.

6. Buscar lugares muy concurridos (Al menos para empezar)

Es mucho más fácil trabajar tranquilo y conseguir escenas y expresiones espontáneas cuando la gente no se da cuenta de que nosotros y nuestra cámara estamos ahí. Lo ideal, especialmente si uno no está todavía tan confiado, tan cómodo y está muy consiente de que lo vean fotografiando, es buscar lugares muy concurridos, o turísticos, donde la gente esté muy apurada o muy distraída como para notarnos, o estén tan acostumbrados a ver gente con cámaras que no les llame la atención y empiecen a preguntar “¿De qué revista sos?” (Eso preguntan los más buena onda, los más mala onda siempre sospechan que seas algún inspector y directamente te preguntan “¿Por qué estás sacando fotos?”). Cuanto más grande la urbe, más distraída la gente, esto está comprobado fotográficamente.

Esto fue en el mercado de Brick Lane, en Londres, mi ciudad favorita para salir a fotografiar. Brick Lane está lleeeeeeno de gente, y esa chica jamás se lo vio venir.

7. Reconocer cuales son TUS disparadores

Esto lo aprendí de Matt Stuart, uno de mis fotógrafos urbanos favoritos. Después de un tiempo de fotografiar en la calle, uno empieza a darse cuenta qué cosas son recurrentes en sus fotos; para mí son los contraluces fuertes, las sombras, las bicicletas, los perros, los viejos y la gente con ropa islámica. Aprendí a que cuando veo alguna de estas cosas tengo que prestar atención porque la foto (para mí) está a punto de suceder.

Esta lo tiene casi todo: Señor grande + sombras fuertes + bici + contraluz = Clink caja.

8. Reconocer personajes interesantes

Muchas veces me meto en Flickr (cada vez menos) o en Facebook no para ver buenas fotografías urbanas, sino para ver de las malas. No hay que subestimarlas, aprendí de ellas casi tanto como de las buenas. Aprendí qué no me gusta y qué NO hacer, evité mandarme muchas cagadas aprendiendo de los errores de otros. Una de las cosas que aprendí, es a reconocer a los personajes. No todas las personas te van a dar una gran foto, hay caras y caras, expresiones y expresiones, vestimentas y vestimentas. No por retratar a cualquiera caminando por una calle voy a tener una fotografía urbana interesante. Flickr está LLENO de fotos de alguien caminando por algún lado, fotos que parecen haber sido sacadas por el auto de Google Maps. El truco está en elegir personajes interesantes, cuya presencia o actitud se destaque del fondo, gente común fuera de lo común, lo que yo llamo una presencia cinematográfica. Y no es tan difícil reconocerlos, a menudo piden a gritos una foto.

Esta es una de mis fotos favoritas. Ese señor era la estrella de la plaza. No el de la derecha, ni los de la izquierda, él.

9. Saber que no todos los lugares funcionan igual

Hay lugares que contienen muchos de nuestros disparadores y son una fuente de inspiración infinita. Y hay otros que aunque nos gusten mucho, y aunque sean muy lindos, no tienen eso que hace que veas fotos por todos lados. Puede haber muchas explicaciones de por qué en algunos lugares sucede y en otros no (teoricé sobre decenas de estas explicaciones conmigo misma), o también puede ser que no haya ninguna muy clara, que sea eso, que pasa o que no pasa. Si no ocurre la magia, mejor no forzarlo, ese lugar será solo para visitarlo y no para fotografiarlo, mejor no sacar nada antes que perder el tiempo sacando fotos por obligación y encaprichada. Cuando una ya sabe reconocer cuáles son sus lugares, y cuáles ya dejaron de serlo, es más difícil volver con la manos vacías.

Una foto en el Raval de Barcelona, un lugar gauchito que nunca me dejó volver sin una foto. Era como bajar corriendo a comprar algo al chino a las 21:59. Si todo lo demás falló, el Raval me salvaba.

10. La mejor cámara es la que tenés encima

Esto no es fotografía de estudio, ni deportiva, ni de naturaleza, acá no hacen falta (ni sirven) ni teleobjetivos, ni flashes ni cámaras de gama alta. La mejor cámara para hacer fotografía urbana, es la que nunca te va a dar vagancia llevar encima. No sirve de nada tener una pila de equipo fotográfico, por más caro o profesional que sea si va a terminar quedándose en casa o te va a escrachar con todo el mundo haciéndote ver como un fotógrafo de la National Geographic. Para mí, PARA MÍ, el mejor equipo posible es el mínimo; una cámara réflex de gama media, o incluso baja (no hace falta más que eso para fotografiar en esas condiciones, puedo asegurarlo), y un objetivo de lente NORMAL. Nada de teleobjetivos, no vale hacer trampa y hacerse el paparazzi. A poner cara de piedra, hacerse cargo y acercarse, que el resultado es mejor cuando estás cerca, te obliga a interactuar, te ayuda a construir confianza como fotógrafo, y el personaje resalta mucho más. Un ojo entrenado va a notar la diferencia enseguida.

Para lo único que me sirvió andar por ahí con lentes para elegir en la mochila, fue para volver más temprano a casa porque me dolía la espalda.

La fotografía urbana es la más democrática, no dejes que ni Canon, ni Nikon, ni los fotógrafos fanáticos de la tecnología te hagan creer que necesitás algo más que tener una cámara encima. Y eso también está fotográficamente comprobado.

Esta foto la saqué yendo al supermercado. Porque ya había aprendido que las fotos esperan que vayas al supermercado sin la cámara para pasar frente a tus ojos.
(Me gustaría tener alguna muestra de las fotos que NO saqué por no llevar la cámara encima, pero me la había dejado en casa).

11. Perdé la vergüenza

​Una vez conocí un chico que me dijo que amaba la fotografía urbana, que era lo que más le gustaba hacer y que pasaba horas en la calle fotografiando, pero que también era patológicamente tímido y que le daba vergüenza que alguien lo descubriera sacándole una foto. Cuando me mostró su trabajo, eran todas fotos de nucas. Uno puede hacer un trabajo conceptual sobre nucas, pero juro que este no era el caso.

Para sacar fotos de extraños en la calle, hay que perder totalmente la vergüenza, y el miedo. Hay dos opciones: O usamos el método “acercarse y preguntar”, o mi favorito, el “matanga”. Lo bueno de acercarse y preguntar, es que podés (valga la redundancia) acercarte más, podés ponerle la cámara en la cara a la persona, que no se va a molestar, y además, tenés la tranquilidad de que no vas a tener problemas. Te pueden decir que no, pero la verdad son los menos. Uno aprende a leer las caras y darse cuenta a quién preguntar. Le he pedido fotos a gente con la que no compartíamos ni un idioma, y entendieron y aceptaron.

Pero a mí me gusta más sacarlas a lo “matanga”, en parte porque no soy tanto más extrovertida que el chico de las nucas, pero principalmente porque me gusta la espontaneidad de alguien que no sabe que lo estás fotografiando. Claro que para este método también hay que perder la vergüenza, a veces hay que ser experta en el arte de poner cara de “estoy sacándole una foto a ese cartel al fondo, no a usted, muy interesante, sí, sigo mirando el cartel, mirando el cartel”, a veces poner sonrisa de “sí, te saqué una foto, es que esas sandalias con medias te quedan increíbles”, y a veces hay que estar listos para que alguien se raye y te increpe ¡aunque no les estés sacando una foto! Una vez estaba fotografiando el balcón de un primer piso (lo juro, no estaba fingiendo como con el cartel) en la zona roja de Barcelona, cuando empiezo a escuchar a alguien insultándome y diciéndome que no saque más fotos. Cuando miro, había una prostituta parada en un umbral, muy lejos del balcón, llamando a un negro ENORME para que se encargue de mí. El señor enorme se me acercó y me empezó a exigir que le mostrara mis fotos. Le dije que no estaba haciendo nada malo, que no tenía que darle explicaciones de nada, y empecé a caminar lo más rápido que pude (sin llegar a correr, para que el tipo creyera que yo no le tenía miedo) hasta esconderme un rato en una plaza. En un año, tuve cinco situaciones de confrontación (pero solo dos me dieron miedo).

Bueno, lo que quería decir es que estas situaciones son las excepciones, que van a pasar, pero poco, nada comparado con la cantidad de gente que no va a tener problema, te va a prestar la cara, o ni siquiera te va a notar, y que las mejores fotos son las que requieren que seas una completa caradura.

Una juraría que este señor estaba posando para mí, pero no, matanga.

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