En junio pasado estuve por primera vez en mi vida del lado de adentro de la Casa Batlló. Tantos cientos de veces pasé por la puerta, y tantas veces fotografié su fachada y su contrafrente, pero jamás había entrado. La atracción turística más famosa de Barcelona (tal vez compite con la Sagrada Familia, también de Gaudí, pero con nadie más) es algo que por lo general quienes viven en la ciudad dan por sentado y hasta ignoran al pasar mientras intentan evitar a los turistas. Así que la panza de la bestia siempre había sido un misterio para mí hasta que, invitada por la Casa Batlló, finalmente pude ver qué había “del otro lado”.
A principios del siglo XX, la burguesía catalana competía por tener la casa más arquitectónicamente admirable y más a la moda del momento: el modernismo, la versión catalana del Art Nouveau. En esa época era muy común que estas familias construyeran casas de varios pisos para vivir ellos en la planta principal y ofrecer el resto a inquilinos. Con esa idea, en 1904 Josep Batlló compró la propiedad que luego se convertiría en la Casa Batlló: una casa para su familia, una fuente de ingresos, y una forma de destacarse ante el resto de los hombres de negocios y propietarios de la belle époque de Barcelona. Y el hombre para eso no podía ser otro que Antoni Gaudí.
Batlló le pidió al arquitecto que demoliera la casa existente en Passeig de Gràcia y construyera una nueva, con total libertad creativa. Pero Gaudí era tan visionario que no necesitó demolerla: al verla logró imaginar su potencial y prefirió transformarla por completo en algo que lleva su sello en cada detalle. Inspirándose en las formas de la naturaleza, en el océano, en la vida submarina y en la leyenda de Sant Jordi y el dragón, Gaudí creó esto que es una verdadera obra de arte habitable.
En 2021 la experiencia de la visita de la Casa Batlló se renovó por completo: se sumaron nuevas salas, instalaciones inmersivas y más de 1.000 m² que antes no estaban abiertos al público. En este post les muestro cómo fue mi visita y al final les cuento qué tipos de entradas hay y cuáles me parecen las más convenientes.
El recorrido incluye una audioguia bastante amigable de usar y entretenida que nos va dando tips de a dónde mirar y qué detalles observar. La única contra es que es una tablet un poco armatoste, que para quienes ya andamos con una cámara colgada y el celular colgados y con todos los bártulos típicos de un viaje encima, resulta un poco incómoda de llevar. Dicho esto, aprendí bastante de la casa y de su historia con la audioguía, así que recomiendo no perdérsela.
Arriba: el pulmón del edificio, cubierto de azulejos en un degradé de azules que se van haciendo más claros hacia abajo, como para compensar y crear una iluminación suave y pareja, algo que está presente en el diseño de toda la casa. En el medio, la fachada posterior, que acaba de ser restaurada recuperando el diseño original de Gaudí de 1906.
Una de las joyas de la casa es el salón central, con vista a la cuadra más modernista de Passeig de Gràcia: la llamada “manzana de la discordia”, bautizada así por la rivalidad creativa entre los arquitectos que dejaron su huella allí. A la derecha, la chimenea con forma de hongo, que la audioguía me contó que cuenta con dos asientos a los costados que permitían tener conversaciones más íntimas al calor del fuego.
Todo en la casa son líneas curvas y orgánicas, incluso el ático (abajo, en el medio) remite al esqueleto de una ballena. Y Gaudí siendo Gaudí no solo iba a hacer una casa linda, la Casa Batlló está repleta de detalles funcionales como su sistema de ventilación y el diseño de la luz, que siempre encuentra un lugar para entrar.
El sector que a mí más me gustó, por ser el único que permite vislumbrar cómo era la casa cuando estaba habitada por los Batlló en plena Belle Epoque, es la llamada residencia privada. Con el resto de los sectores de la casa es difícil imaginar cómo era vivir ahí, difícil dejar de ver una casa museo, pero esta habitación es un viaje en el tiempo con todos los sentidos.
La terraza, donde se ven de cerca las escamas del dragón y se tienen vistas de toda la zona. Por la noche suele haber conciertos al aire libre y también hay un bar de tragos al fondo.
Y el final de la visita es con el cubo inmersivo en el que se proyectan imágenes inspiradas en las distintas creaciones de Gaudí, como la Sagrada Familia, el Park Guell y la Casa Vicens. La experiencia está muy buena, muy bien lograda y es un lindo agregado que está incluido en todos los tipos de entradas.
El giftshop es un capítulo aparte y le hace completa justicia a la casa ofreciendo objetos y recuerdos de muy buena calidad y excelente diseño, desde chocolates hasta velas y maquetas para armar. De los giftshops de mejor nivel que recuerdo haber visto.
Todo el edificio está en un estado impecable y sus muchos salones, cada uno con una personalidad distinta, ofrecen un recorrido completo y diverso por el trabajo, la creatividad y la visión de Gaudí. Especialmente si les interesan el diseño o la arquitectura, este es un muy lindo paseo.
Hay distintos tipos de entrada, ¿cuál conviene sacar?
Los precios de las entradas a la Casa Batlló varían bastante dependiendo de qué sectores están incluidos en la visita. Aquí detallo las opciones:
• La entrada básica o “blue”, que comienza en los €29, solo incluye la visita con audioguía y la experiencia inmersiva del cubo, no incluye el acceso a la terraza, que justamente es uno de los highlights de la Casa Batlló.
• Le sigue la entrada “silver”, que comienza en los €34 e incluye la terraza, aunque no la residencia privada de los Batlló.
• La entrada “gold”, desde €39, ya incluye el acceso a todos los sectores y experiencias de la casa, y la única diferencia con la entrada “platinum”, desde €49, es que no incluye priority pass ni cancelación gratuita, pero en cuanto a lo que te permite ver es lo mismo.
De por sí esta no es una atracción particularmente económica (ninguna de las creaciones de Gaudí lo es), pero personalmente creo que si se va a hacer el gasto, la entrada básica no vale la pena porque deja afuera uno de los sectores más característicos de la casa. Por una diferencia de €5 o €10 es preferible ir por las entradas “silver” o “gold” y así incluir la terraza y/o la residencia de los Batlló. ¿Otra recomendación? Sacar las entradas con algo de anticipación porque son con horario y puede que si quieren ir más sobre la hora ya no haya disponibilidad.
Además de todo esto también hay distintas entradas según la hora del día: primera hora de la mañana con acceso prioritario, visita nocturna en los meses de verano, visita + concierto en la terraza y así. Pueden entretenerse viendo todas las opciones en la página oficial de la Casa Batlló. Y si quieren tener una perspectiva distinta de la Casa Batlló, en este post pueden encontrar un spot privilegiado y no muy conocido para llevarse una postal super original de la visita.























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